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miércoles, 16 de agosto de 2017

Mil abusos y una sotana

Gerald Francis Ridsdale se declaró culpable. Por tercera vez. Eran numerosas y contundentes las pruebas en su contra. El sacerdote, quien hoy tiene 83 años y está preso desde 1994, fue durante décadas una pesadilla para cientos de niños que estaban a su cargo. Niños que confiaban en él y en su enseñanza. Pero que jamás imaginarían que, sin embargo, era el monstruo de sus pesadillas.

Entre los cargos que reconoció este cura australiano hoy figuran asaltos indecentes que incluyen violación contra once niños y una niña. Los brutales hechos ocurrieron entre 1962 y 1988.

En cierta ocasión -según contó el fical Jeremy McWilliams ante la Corte del Victorian County– el sacerdote estaba en la vivienda de una familia a la que asistía espiritualmente. Era de noche y estaba junto al jefe de hogar. Este despertó a su pequeña hija, quien dormía tranquila en su habitación. En el pasillo, esperaba Ridsdale. Juntos la llevaron a la iglesia, su padre la desnudó y la depositó en el altar, donde fue sometida sexualmente por el cura. Era 1974 y la víctima tenía apenas 10 años.

"El padre la llevó al confesionaria, donde la desvistió. Después la condujo hasta el altar, donde la recostó", explicó McWilliams al jurado. Ridsdale le susurró a la niña unas palabras que retumbarían a lo largo de su vida: "Jesús murió por nuestros pecados, entonces podemos ser perdonados y si confieso este pecado, podré ser perdonado". Entonces abusó de ella.


A un niño que también violó en el altar de su iglesia en Victoria también le indicó que lo hacía bajo la gracia divina. "Es parte del trabajo de Dios", le dijo mientras lo sometía sexualmente. Pero además lo amenazó: "Le dijo que si alguna vez le contaba a alguien, Dios castigaría a su familia", relató McWilliams.

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