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sábado, 18 de noviembre de 2017

“Yo resucité de entre los muertos y el Papa reconoció el milagro"

Sofía Acosta tiene 79 años. El 4 de mayo último, el papa Francisco aceptó que estuvo muerta y revivió gracias a que su hija le rezó a la Madre Catalina. Hoy, emocionada, cuenta qué sintió "en el más allá". Por obra de este milagro, el sábado 25 en Córdoba, la religiosa será beatificada.
Pese al difícil momento que le toca atravesar, decide abrir por primera vez las puertas de su casa en el barrio Modelo, de San Miguel de Tucumán, junto a su esposo, Leonardo Oscar Valdez, y a su otra hija, Eugenia, para dar testimonio de lo que sucedió aquel 22 de abril de 1997, cuando la Madre 

Catalina la regresó de la muerte.

Ese hecho será celebrado en el Centro Cívico de la ciudad de Córdoba en una misa que presidirá el prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, cardenal Angelo Amato.
Sofía recuerda que aquella noche se había sentado para coser una pollera. Nada la preocupaba: "Yo estaba sana y me fui hasta la casa de Eugenia (que vive a la par, puerta de por medio) a decirle que ya tenía lista la ensalada que le había prometido. Y cuando regresé para avisarle a mi esposo que la cena estaba lista, me desvanecí".

Eugenia escuchó el estruendo y corrió para ver qué estaba sucediendo: "La vi a mi mamá tirada en el piso de la cocina. Mientras mi papá corría a buscar al médico, que vive enfrente, yo le pedía a ella que no me deje… Fue ahí cuando la escuché expirar. Salí desesperada en busca de un taxi… Justo encontré a un vecino que estaba entrando el auto en el garaje y le pedí que nos llevara al hospital. 

Cuando la levantamos con mi esposo y el vecino para subirla al auto, ella estaba dura, blanca. Recuerdo que no la podíamos sujetar. Era impresionante el peso que tenía. Hasta sacarle la dentadura postiza nos resultaba imposible, por lo rígida que estaba".

Después de cuarenta minutos lograron llegar al sanatorio Galeno para que recibiera los primeros auxilios, pero las tareas de reanimación no tuvieron éxito. "El doctor Osvaldo Malmoria nos informó que había fallecido de muerta súbita –recuerda Eugenia–. En medio de semejante desesperación, mi papá le dice que le saque el corazón a él y se lo ponga a mi madre, pero el médico insiste que ya estaba muerta. Entonces yo le ruego al doctor que haga un último intento, porque estaba convencida de que la Madre Catalina la iba a salvar. Creo que él volvió a reanimarla porque se apiadó de nosotros. Mientras tanto, yo le rezaba a la Madre Catalina".


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