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lunes, 25 de junio de 2018

La CGT vuelve a parar contra el Gobierno


Con efecto visible garantizado por el peso de las grandes estructuras sindicales y la adhesión de los estratégicos gremios del transporte, el paro nacional de hoy presenta al menos una curiosidad: es un interrogante lo que sigue después de una medida de fuerza de semejante magnitud. Y eso, a pesar de que la convocatoria fue muy conversada y expuso a la vista de todos el juego de sus principales protagonistas. ¿Inaugura una escalada –un "plan de lucha"- o alcanzará para reabrir negociaciones con el Gobierno y también para ir definiendo el panorama interno de la CGT?

Este es el tercer paro general en la gestión de Mauricio Macri. O el segundo, en rigor, porque el anterior fue convocado casi a la carrera cuando se debatía en Diputados la reforma del mecanismo de ajuste para las jubilaciones, y terminó siendo parcial, simbólico en el mejor de los casos antes que efectivo. Pero ahora, asoma como resultado de la combinación de dos elementos acelerantes: la disparada de la inflación, sobre todo por el efecto dólar, y la crisis de conducción cegetista, con picos de tensión interna.

Esos son los dos puntos determinantes. Y su traducción práctica podría expresarse en la reapertura de hecho de las paritarias, algo que es admitido con otras palabras en el Gobierno y computado en medios empresariales, y en el difícil juego de alianzas y batallas domésticas en la CGT, agotado como está el ciclo del triunvirato Schmid-Daer-Acuña y en la perspectiva de resolver una nueva conducción tal vez en agosto

La CGT, que resolvió rápidamente dar por fracasado el último intento de negociación con el Gobierno –en su versión formal, porque los contactos siguen siendo moneda corriente-, puso como puntos centrales de su reclamo la discusión sin techo de salarios y algún tipo de mecanismo para evitar despidos en gran escala. También demandó dos cuestiones que hacen al modelo sindical: garantías de flujo de fondos adeudados a las obras sociales y compromiso de no impulsar cambios a la Ley de Contrato de Trabajo.

El telón de fondo lo completa la ofensiva de Hugo Moyano, que por ahora parece haber abandonado su idea de ruptura con la CGT. El jefe camionero recreó su cuadro de alianzas internas, con los sindicatos más duros, y hacia afuera tejió con sectores resistidos tradicionalmente, como las dos CTA, todo para ganar espacio en la disputa cegetista. Es el eje de su movida –alimentada también por su complejo frente judicial-, que en el plano sectorial lo llevó a una breve y dura pulseada con las empresas para terminar cerrando un paritaria de alrededor del 25% para los salarios.

Ese nivel de aumento salarial –que según como sea leído oscilaría entre el 23 y el 26%- fue mostrado como un éxito que complicaría al Gobierno y a los jefes sindicales amigos, porque terminaría de romper el esquema de corsé ensayado hasta ahora. Pero ocurre que, incluso a juzgar por algunas impresiones en el ámbito cegetista, ese porcentaje podría allanar el camino a una discusión que ya está siendo conversada con los referentes sindicales categorizados como dialoguistas.


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