clima

-

lunes, 11 de junio de 2018

Las cosas más increíbles que ha hecho la gente para dejar de fumar


Para unos sólo consiste en dejar de prender los cigarros, para otros se necesita aceptar que necesitan ayuda.

He fumado toda mi vida adulta y sé lo jodido que es despertar y pensar en un cigarro. También he intentado dejarlo más de 20 veces sin tener éxito y sé muy bien por qué: para dejar de fumar, realmente hay que querer dejar de fumar.

Si tus intenciones son verdaderas y no le tienes miedo al trabajo arduo y a las pérdidas emocionales que te pueda generar la ausencia de un cigarro, estás apuntando tus disparos correctamente. Es en este momento cuando surgen miles de opciones alternativas para ayudarte a iniciar un camino de vida en el que no hay colillas tiradas son pequeños trozos de tu pulmón

Con el interés de ver si la existencia de un programa, microchip, droga, junta o chicle que puede quitarme o aliviarme de mi adicción al tabaco hablé con casos de éxito –otros no tanto– de diversas maneras que uno se puede alejar del cigarro.


Palillos de sabor


Raúl, 24 años, lleva un mes sin fumar

Sé que no llevo mucho tiempo, pero no creo recaer. Siento que es un vicio de mi pasado. Empecé a fumar cuando tenía unos 17 años y un año después ya era adicto. En mis épocas de mayor adicción me llegué a fumar 15 cigarros al día.

Creo que lo que más me ayudó, definitivamente, es dejar de fumarme los que se me hacían más llamativos: el clásico cigarro después de comer o antes de dormir. La cuestión es que igual me daba ansiedad y así descubrí los palillos de dientes de sabor. No es que te quiten por completo las ganas de fumar ni mucho menos, pero me mantienen entretenido y me hace pensar menos en echarme un cigarro.


Operación de riñón


Verónica, 62 años, lleva cuatro años sin fumar

Pasé cerca de 45 años sin despegarme del cigarro. Comencé a los 14 y un año después ya era una adicta hecha y derecha. Si bien recuerdo, en mis momentos de mayor adicción llegué a fumarme hasta dos cajetillas y media en un día (50 cigarros). Te cuento que lo intenté todo, pero nada funcionaba porque no había tocado fondo. Cuando lo toqué la cosa ya era grave.

Intenté ir a grupos de Adictos Anónimos, hasta llegué a durar 48 horas sin un cigarro, pero poco después recaí. No recuerdo bien cuántos años tenía en el momento que me detectaron un edema pulmonar. No podía hablar por la tos, me paralizaba lo poco que funcionaban mis pulmones y, de todos modos, yo seguía fumando. Estaba empeñada en serle fiel a la adicción.

Hace cuatro años tuve una operación de uno de los riñones y eso fue el golpe definitivo a mi tabaquismo. Durante la recuperación, obviamente no podía fumar y mis niveles sanguíneos eran una basura; pasé cinco días de mandato sin fumar y estaba enojadísima porque no me había ido a tratar el edema, sino el riñón. Literalmente le llegué a reclamar eso a los doctores. La cuestión fue que con el edema, la tos era incontrolable y el maldito dolor que me causaba cada vez que lo hacía era una maldita pesadilla. Me daba pavor cada vez que me empezaba a rascar la garganta.

El día que salí, me di cuenta de que ya llevaba cinco días sin fumar. Realmente no fue dejar el cigarro como tal lo que me detuvo, sino que si me volvía a dar tos por el humo y me volvían a internar sabía que iba a perder la cabeza. Cinco días se convirtieron en 15 y después en cuatro años. El trabajo arduo llegó cuando decidí aliarme con mi salud en vez de trabajar en contra de ella.


0 comentarios:

Publicar un comentario

Salud