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lunes, 1 de octubre de 2018

Cinco historias a cinco años de la norma que permitió ser padres a miles de parejas


Clarín cuenta cómo el poder acceder a un tratamiento gratuito les cambió la vida a hombres y mujeres de todo el país que tenían problemas para tener hijos.

“Parece que la frase es tal cual: la tercera es la vencida”, dice Silvia Valinotti, entre divertida y emocionada. De fondo, lloran a dúo: Gian y Franco, sus mellizos de cuatro meses. Ella tiene 42 años y desde hacía diez venía buscando un hijo junto a Martín Marino (33). A esta pareja de Longchamps se le vino el mundo abajo cuando su médico le confirmó allá lejos en el tiempo que tenía dificultades para concebir. “Todavía no existía la ley y no contábamos con plata para cubrir un tratamiento”, recuerda ella. A partir de la incorporación de la cobertura obligatoria de la reproducción asistida, primero en la Provincia de Buenos Aires y luego a nivel nacional, su sueño empezó a tomar forma. Y después de dos intentos de alta complejidad fallidos llegaron sus hijos.

Se calcula que desde la sanción de la ley nacional en 2013 hasta hoy nacieron unos 25 mil niños a través de estos tratamientos entre prepagas, obras sociales, el sector público y los privados, según Sergio Papier, presidente del Comité Ejecutivo de la Asociación Latinoamericana de Medicina Reproductiva y director médico del Centro Privado de Medicina Genética y Reproductiva.
Dos latidos tras 10 años de espera

El amor de Silvia y Martín comenzó entre las góndolas de un supermercado en el que trabajaban ambos hace 14 años. “Teníamos bastante diferencia de edad. Por eso, yo no quería engancharme. Pero pasó. En 2008 decidimos tener un hijo y empezamos a intentarlo. Al tiempo mi ginecólogo nos dijo que debíamos hacer un tratamiento. No podíamos pagarlo así que nos resignamos”, cuenta Silvia.

En 2010, cuando se impulsó la ley provincial que es pionera en la materia, ellos se manifestaron a favor de la sanción y se ocuparon de juntar firmas. Y en 2011 empezaron a hacerse estudios. Al año siguiente, realizaron un primer tratamiento de alta complejidad en el Hospital San Martín de La Plata. 
“Esa vez no quedé. Recuperarte del no te lleva tiempo. Recién en 2014 hicimos un segundo intento, ya con la ley nacional”, sigue Silvia, que se encontró con otro negativo. “Después de eso, arranqué terapia. No podía soportarlo, me deprimí. Para ese momento me quedaban cuatro embriones congelados pero dije ´ya está, no va a pasar´. Por suerte, mi médico insistió”, suma.

El 30 de octubre de 2017 fue la tercera transferencia de embriones. “Lo hice sin pensar, con la cabeza en otra cosa. Y después vinieron los 15 días más terribles de mi vida, hasta que me saqué sangre y recibí el resultado. Nos lloramos todo cuando nos dieron el sí”, agrega.
68 inyecciones con final feliz

Para Mariana Ruiz (37) y Marcelo García (36), de Tucumán, el camino hasta conocer a Amaro, de 9 meses, no fue fácil. Mariana tuvo que pasar por dos operaciones por una endometriosis severa. La primera fue de urgencia y ella recuerda que despertó preguntando si le habían dejado los ovarios. 

“Me anularon una trompa y parte de un ovario y, al año siguiente, tuvieron que sacarme quistes del otro. Mi útero no estaba apto para tener un bebé, dijeron”, relata Mariana. “Me puse triste pero decidí intentarlo igual. Primero en una clínica privada. Pero, al tiempo, se me empezó a complicar con los permisos del trabajo, tuve que renunciar al colegio en el que tenía un puesto administrativo y me quedé sin obra social”, agrega.


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