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viernes, 14 de diciembre de 2018

Eduardo Eurnekian fue recibido por las máximas autoridades de las islas


En un hecho hasta ahora es inédito para un ciudadano argentino, el Ceo de Corporación América -artífice del histórico viaje de los familiares de los soldados identificados al Cementerio de Darwin- fue recibido y homenajeado por los líderes del gobierno y las autoridades militares de las islas
Colaboración, agradecimiento, reconciliación. Estos fueron los pilares de una reunión que marcó un hecho inédito: por primera vez en décadas un ciudadano argentino fue recibido por las máximas autoridades civiles y militares de las Malvinas.

El agasajado fue Eduardo Eurnekian, CEO de Corporación América, un hombre que durante toda su vida tuvo un compromiso único con aquel remoto -pero a la vez cercano y presente- punto en el mapa sobre el Atlántico Sur: las islas Malvinas.

Antes del mediodía del miércoles 12 de diciembre, el avión que transportó a la comitiva desde el continente aterrizó en el aeropuerto de Mount Pleasant.

El empresario viajó con una sola idea: agradecer.

Agradecer por el apoyo brindado a los 214 familiares de los soldados caídos en la guerra de 1982, que viajaron el 26 de marzo para honrar a sus seres queridos identificados en el marco del Plan Proyecto Humanitario, y que por primera vez en 36 años pudieron llorarlos y recordarlos en el exacto punto del descanso eterno, sin tener que preguntarse día y noche ¿dónde están nuestros hijos? Sus tumbas tenían grabadas sobre el granito los nombres de los héroes.

Todos en las islas conocían la conmovedora historia que unía al hombre de Aeropuertos Argentina 2000 con las familias de Malvinas. Sabían que en 2003, cuando el embajador británico en la Argentina Robin Christopher lo convocó para pedirle si podía hacerse cargo de la construcción de un cenotafio en Darwin, el empresario no dudó y tomó bajo su ala la reforma de un nuevo camposanto argentino sobre el antiguo cementerio que permanecía sin cambios desde 1982.
En silencio el argentino ya estaba cerca de la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas e Islas del Atlántico Sur cuando recibió esa llamada de Christopher.

-Estuvimos con familiares de los caídos, y nos dijeron que hace 20 años que los distintos gobiernos 
les prometen hacer un monumento en Malvinas…, pero no pasó nada. Y el gobierno actual les dijo que "en este momento no es prioridad hacer este cenotafio", le dijo el embajador.

El funcionario inglés había sido testigo de la frustración de los familiares cuando viajaban a las islas y se encontraban con un cementerio casi abandonado en esa tierra en la que sus hijos habían dejado su sangre y sus vidas. Y entonces pensó en convocar a importantes empresarios argentinos para pedir ayuda. Hizo una lista de seis. La primera reunión fue con Eurnekian. Y ya no hizo falta llamar a nadie más.

"Yo haré ese monumento en Darwin", le dijo. Conmovido, el CEO de Corporación América puso manos a la obra. Y reconstruyó ese rectángulo perfecto, esa simetría de 230 cruces blancas que dibujan la oscura turba de Malvinas.

En 2004 mandó a erigir el cenotafio con los 649 nombres de los héroes caídos durante la guerra. Reformó el viejo cementerio que había sido construido con la supervisión de la Commonwealth War Comission después de que el coronel británico Geoffrey Cardozorecogiera de los campos de batallas los cuerpos de nuestros soldados. Y convirtió esas sencillas sepulturas en un gran monumento para honrar a nuestros héroes.

Su compromiso no terminó allí, desde entonces es padrino de la Comisión de Familiares de Malvinas, asume el costo del mantenimiento de Darwin, y se hizo cargo del viaje a las islas el día que se pusieron las primeras 90 placas de los soldados identificados. También financió el traslado del cuerpo del capitán Luis Castagnari, el 5 de diciembre desde las islas a Río Cuarto, cuando supo que antes de partir a la guerra le había pedido a su esposa Cristina Scavarda un solo deseo: si le tocaba morir por la Patria deseaba ser enterrado en su ciudad junto a su pequeño hijo Gustavito, muerto de cáncer a los tres años.

Por eso, Eurnekian se emocionó al tocar suelo en Malvinas. La última vez que había visitado las islas había sido en 2009. Sabía que en esta ocasión, luego del almuerzo organizado por las autoridades, la agenda marcaba una visita muy especial para él: irían al cementerio de Darwin.

El empresario no había querido viajar en marzo cuando lo hicieron las familias: "Los únicos protagonistas de este día son aquellos que perdieron a su gente amada", dijo. Y ahora volvía con la intención de orar frente a cada una de las 106 placas -de las 122 que existían- que durante más de tres décadas habían mostrado la triste leyenda de  Soldado argentino solo conocido por Dios y hoy rezaban los nombres de los caídos.


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