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sábado, 22 de agosto de 2020

“Recién ahora


Fuente ; Infobae.com Pablo Musse maneja por las calles de Alta Gracia, Córdoba, con lágrimas en los ojos. Llegó cerca de las 22 horas del viernes desde Neuquén y desde las 7 de la mañana del sábado va y viene por toda la ciudad. Se está encargando de los trámites para darle sepultura a su hija Solange, que hace menos de 24 horas murió producto de un cáncer de mama fulminante.

Las lágrimas son, claro, de una tristeza profunda y devastadora, pero también de mucha bronca por ese último abrazo a su hija que le negaron darle porque las autoridades de Córdoba no lo dejaron ingresar a la provincia el fin de semana pasado. Según alegaron, no tenía los papeles necesarios para pasar la barrera sanitaria impuesta a raíz de la cuarentena. “Recién ahora, con mi hija muerta me dejaron pasar. Pero ya es tarde. Mi hija ya no está. Voy a poder darle ese abrazo que me pedía, pero adentro de un cajón”.

“En las últimas horas tuve que contratar un abogado para que me ayude con los papeles para entrar a Córdoba y poder viajar tranquilo a despedir a mi hija y que nadie me moleste. A eso tuve que llegar después del maltrato que recibí la otra vez. Sólo venía a ver a mi hija enferma ese día y me trataron como a un delincuente”, le dice a Pablo a Infobae mientras recorre las calles de Alta Gracia organizando la despedida de Solange.

Pero las autoridades del COE (Centro de Operaciones de Emergencia) de la provincia decidieron no hacerle el PCR sino el test serológico, aquel que, con la extracción de una gota de sangre indica si ya tuviste el virus, es decir si hay anticuerpos. El resultado, según cuenta Pablo, fue dudoso. Se lo hicieron de nuevo y dio igual. Pidió que le hicieran un PCR para despejar cualquier incógnita pero se lo negaron y le prohibieron el ingreso. Le dijeron que debía dar media vuelta y desandar las más de 12 horas de viaje que acababa de hacer, sin poder ver a su hija, sin el abrazo, que sabía iba a ser el último.
Nuevamente la familia de Solange subió al auto para volver a hacer las 12 horas de viaje. Esta vez, a Pablo lo acompañaron su hijo y nuevamente su cuñada: “Cuando llegué a Córdoba, me decían pase, pase. Recién ahora, cuando mi hija ya está fallecida. El viaje fue muy difícil. Volver a ver los mismos lugares en la ruta de cuando fuimos con la esperanza de abrazarla la semana pasada”.

“Esa vez, igual que ahora, iba con una persona con discapacidad. Ella incluso tenia domicilio de Córdoba. Cuando escucho hablar a los políticos de inclusión, con lo de la letra E y todo eso… yo venía con una persona con capacidades diferentes y el derecho a ella también se lo negaron. Cuando pasan cosas así no existe la inclusión”, dice Pablo en referencia a su cuñada, Paula Oviedo.

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